Cifosis cervical: cuándo el dolor de cuello tiene que ver con tu postura

La cifosis cervical aparece cuando la curvatura natural del cuello se altera y adopta una posición anómala hacia delante. Puede causar dolor, rigidez, cansancio muscular y, en casos avanzados, síntomas neurológicos. Detectarla a tiempo permite corregir hábitos, tratar la causa y evitar complicaciones.

La cifosis cervical altera la curvatura del cuello y causa dolor. Descubre sus causas, diagnóstico, ejercicios recomendados y tratamiento.

Diferencia entre cifosis cervical e hipercifosis

La columna cervical, situada en el cuello, presenta de forma natural una ligera lordosis, es decir, una curva suave hacia delante. Cuando esa curva se pierde o se invierte, puede aparecer una cifosis cervical.

La hipercifosis, en cambio, suele referirse al aumento excesivo de la curvatura dorsal, en la parte alta de la espalda. Es lo que muchas personas identifican como una postura encorvada.

Ambas alteraciones pueden coexistir. Una hipercifosis dorsal puede favorecer que la cabeza se adelante y aumentar la tensión en la zona cervical. 

Causas más frecuentes

La cifosis cervical puede tener un origen postural, degenerativo, traumático, congénito, inflamatorio o secundario a cirugías previas. Identificar la causa es clave para indicar el tratamiento adecuado. 

▸Postura y hábitos

Los hábitos posturales mantenidos son una causa frecuente de dolor cervical asociado a mala alineación. Los factores más habituales son:

  • Uso prolongado de pantallas con la cabeza flexionada.
  • Sedentarismo y debilidad de la musculatura cervical.
  • Falta de fuerza en la espalda alta.
  • Puestos de trabajo sin adaptación ergonómica.
  • Estrés mantenido y tensión muscular.
  • Escasa movilidad torácica.
  • Uso de una almohada inadecuada. 

Estos hábitos no siempre generan una deformidad estructural, pero sí pueden aumentar la tensión en cuello, hombros y espalda alta, favoreciendo la rectificación cervical, contracturas y dolor recurrente.

▸ Causas degenerativas

Con la edad, los discos intervertebrales pueden perder altura e hidratación. También pueden aparecer artrosis cervical, osteofitos, hernias discales o estrechamiento del canal vertebral. Estos cambios pueden alterar la alineación del cuello y causar dolor, rigidez o compresión nerviosa.

La cifosis cervical también puede relacionarse con traumatismos, fracturas, enfermedades inflamatorias, infecciones, tumores o cirugías previas de columna. En estos casos, la valoración especializada es especialmente importante.

Síntomas

La cifosis cervical puede ser leve y apenas producir molestias, o generar síntomas persistentes. La intensidad depende de la causa, el grado de alteración, la musculatura del paciente y la posible afectación neurológica.

Los síntomas más frecuentes son:

  • Dolor de cuello.
  • Rigidez cervical.
  • Sensación de cabeza adelantada.
  • Cansancio muscular en cuello y hombros.
  • Dolor en la parte alta de la espalda.
  • Cefaleas relacionadas con tensión cervical.
  • Dificultad para girar o extender el cuello.
  • Hormigueo, dolor irradiado o debilidad en los brazos.

En casos más graves puede aparecer mielopatía cervical, una afectación de la médula espinal. Puede manifestarse con torpeza en las manos, pérdida de equilibrio, dificultad para caminar, pérdida de fuerza o alteraciones del control de esfínteres. Estos signos requieren atención médica prioritaria.

Diagnóstico de la curva en la parte superior de la columna vertebral

El diagnóstico comienza con una historia clínica y una exploración física. El especialista valora la postura, la movilidad cervical, la fuerza, la sensibilidad, los reflejos y la presencia de signos neurológicos.

También se revisa si el dolor apareció de forma progresiva o tras un traumatismo, si se irradia a los brazos, si existen hormigueos o pérdida de fuerza, y si hay antecedentes de cirugía, enfermedad reumática o problemas degenerativos.

Las pruebas más utilizadas son:

  • Radiografía cervical: valora la alineación, la curvatura y los cambios degenerativos. 
  • Radiografías dinámicas: analizan movilidad e inestabilidad en flexión y extensión. 
  • Resonancia magnética: evalúa discos, médula, raíces nerviosas y tejidos blandos. 
  • Tomografía computarizada: aporta detalle óseo en fracturas, deformidades o planificación quirúrgica. 
  • Electromiografía: puede solicitarse si se sospecha radiculopatía o daño nervioso. 

El objetivo no es solo medir la curva, sino saber si es flexible o rígida, si existe compresión neurológica y qué factores la han originado. 

Tratamiento

El tratamiento depende de la causa, la gravedad, la evolución y los síntomas. Muchas personas mejoran con medidas conservadoras, especialmente cuando predominan el dolor mecánico, la debilidad muscular y los malos hábitos posturales. 

▸Fisioterapia y ejercicios para corregirla

La fisioterapia suele ser la primera línea de tratamiento en casos leves o moderados sin signos neurológicos graves. Su objetivo es reducir el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer la musculatura que estabiliza el cuello.

Puede incluir:

  • Movilidad cervical controlada.
  • Fortalecimiento de la musculatura profunda del cuello.
  • Trabajo de escápulas y espalda alta.
  • Estiramientos de pectorales y musculatura anterior del cuello.
  • Reeducación postural.
  • Adaptación ergonómica del puesto de trabajo.
  • Terapia manual en casos indicados.

Los ejercicios deben pautarse de forma individual. No se recomiendan manipulaciones bruscas ni rutinas genéricas si hay dolor irradiado, pérdida de fuerza, inestabilidad o sospecha de compresión medular.

▸Tratamiento médico y ortopédico

El tratamiento médico puede incluir analgésicos, antiinflamatorios o relajantes musculares durante periodos limitados, siempre bajo indicación profesional. Si existe dolor neuropático, radiculopatía o enfermedad inflamatoria, pueden requerirse tratamientos específicos.

En algunos casos se indica el uso temporal de collarín cervical. No debe utilizarse de forma prolongada sin supervisión, ya que puede favorecer pérdida de fuerza muscular.

Cuando la deformidad es estructural, progresiva o se asocia a síntomas neurológicos, puede ser necesaria la valoración por especialistas en columna. La cirugía se reserva para casos seleccionados, como compresión medular, deformidad severa, dolor incapacitante, inestabilidad o fracaso del tratamiento conservador.

¿Cuándo requiere intervención especializada? 

La cifosis cervical requiere valoración especializada cuando el dolor no mejora, limita la vida diaria o se acompaña de síntomas neurológicos. También debe consultarse si aparece tras una caída, accidente o traumatismo.

Conviene acudir al especialista si hay:

  • Dolor cervical intenso o persistente.
  • Hormigueo, pérdida de fuerza o dolor irradiado a brazos.
  • Torpeza en las manos.
  • Alteración del equilibrio o dificultad para caminar.
  • Pérdida de control de esfínteres.
  • Antecedente de cirugía cervical.
  • Deformidad visible o progresiva.
  • Fiebre, pérdida de peso inexplicada o dolor nocturno intenso.

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