Herpes zóster: síntomas, causas y tratamientos efectivos

Puede empezar con una sensación extraña en la piel: hormigueo, picor, sensibilidad o un dolor localizado al que, en principio, cuesta encontrar explicación. Unos días después pueden aparecer pequeñas ampollas agrupadas en una zona concreta del cuerpo. Es una de las formas más características de presentación del herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla.

Descubre qué es el herpes zóster, sus primeros síntomas, si es contagioso y los mejores tratamientos para aliviar el dolor rápidamente. ¡Entra ya!

Aunque suele evolucionar favorablemente, reconocerlo a tiempo es importante. El tratamiento antiviral funciona mejor cuando se inicia de forma precoz y, en algunas localizaciones —especialmente alrededor del ojo—, la valoración médica no debería demorarse.

Entender qué es el herpes zóster, cuáles son sus síntomas, por qué aparece y cómo se trata permite actuar con más tranquilidad y evitar algunas de sus posibles complicaciones.

¿Qué es el herpes zóster y por qué aparece?


El herpes zóster es una infección causada por el virus varicela-zóster, el mismo virus responsable de la varicela.

Cuando una persona supera la varicela, el virus no desaparece completamente del organismo. Permanece inactivo en determinadas estructuras del sistema nervioso y puede reactivarse años o incluso décadas después. Cuando esto ocurre, aparece el herpes zóster.

Por eso, no se trata de haber contraído nuevamente la varicela ni de una infección adquirida recientemente.

En la mayoría de los casos, la enfermedad provoca dolor y una erupción con pequeñas vesículas o ampollas concentradas en una zona concreta del cuerpo. Es habitual que las lesiones sigan el recorrido de un nervio y aparezcan únicamente en un lado del tronco o de la cara.

El riesgo de padecerlo aumenta con la edad y en situaciones en las que las defensas se encuentran debilitadas.

¿Es lo mismo el herpes zóster que la culebrilla?


Sí. Culebrilla y herpes zóster hacen referencia a la misma enfermedad.

La palabra culebrilla es el nombre popular que recibe debido a la forma que puede adoptar la erupción sobre la piel: las lesiones tienden a distribuirse como una franja en el recorrido del nervio afectado.

Sin embargo, hay una idea que conviene aclarar. Las lesiones no tienen por qué rodear completamente el cuerpo.

Lo más frecuente es que el sarpullido aparezca en un solo lado, ya sea en el tórax, la espalda, el abdomen o la cara. Cuando aparecen lesiones similares distribuidas ampliamente por el organismo, especialmente en personas inmunodeprimidas, es necesaria una valoración médica.

Causas principales y reactivación del virus


La causa del herpes zóster es siempre la reactivación del virus varicela-zóster que permanecía latente después de una infección previa.

No siempre es posible determinar qué ha provocado que el virus vuelva a activarse. Sin embargo, existen determinadas circunstancias que aumentan el riesgo.

Entre ellas:

  • Edad avanzada, debido a los cambios del sistema inmunitario asociados al envejecimiento.
  • Enfermedades o situaciones que debilitan las defensas.
  • Tratamientos inmunosupresores.
  • Determinadas enfermedades oncológicas o hematológicas.
  • Trasplantes.
  • Algunos periodos de estrés físico o situaciones que alteran la respuesta inmunitaria.

Esto tampoco significa que una persona joven y sana no pueda desarrollar un herpes zóster. Puede aparecer a cualquier edad después de haber padecido varicela, aunque su frecuencia y el riesgo de complicaciones aumentan progresivamente con los años.

Principales síntomas del herpes zóster


Los síntomas del herpes zóster no siempre comienzan con la aparición de ampollas.

De hecho, algunas personas notan primero sensaciones localizadas en una zona de la piel, incluso varios días antes de que pueda verse la erupción.

Entre los síntomas iniciales pueden aparecer:

  • Dolor, ardor o sensación de quemazón.
  • Picor.
  • Hormigueo.
  • Hipersensibilidad de la piel.
  • Dolor al simple roce de la ropa.
  • Fiebre en algunos pacientes.
  • Dolor de cabeza.
  • Sensación de cansancio o malestar.

Posteriormente aparece la erupción característica. Suele hacerlo como una franja de lesiones en un solo lado del cuerpo o del rostro que evoluciona hacia pequeñas ampollas llenas de líquido.

Estas ampollas suelen formar costras entre los 7 y 10 días, y la erupción acostumbra a desaparecer en unas dos a cuatro semanas.

El dolor puede ser muy variable. Algunas personas experimentan molestias moderadas mientras que, en otras, puede ser intenso debido a la afectación de los nervios.

Una de las complicaciones más conocidas es la neuralgia posherpética, un dolor nervioso que persiste una vez desaparecidas las lesiones cutáneas. Su probabilidad aumenta con la edad.

➡️ Herpes zóster en el ojo: ¿cuándo hay que consultar?

Cuando el herpes zóster afecta a determinadas ramas del nervio trigémino puede aparecer en la frente, el cuero cabelludo, alrededor del párpado o en otras zonas próximas al ojo.

El herpes zóster en el ojo, denominado herpes zóster oftálmico cuando existe afectación de esta zona, requiere una atención especial porque puede comprometer estructuras oculares y, en determinadas situaciones, afectar a la visión.

Conviene solicitar valoración médica con rapidez cuando aparecen:

  • Vesículas o erupción en la frente, nariz o alrededor del ojo.
  • Dolor ocular.
  • Ojo rojo.
  • Molestias importantes con la luz.
  • Hinchazón de los párpados.
  • Visión borrosa o cualquier cambio visual.

Cuando la erupción aparece cerca del ojo o se acompaña de dolor ocular, enrojecimiento o cambios en la visión, la valoración no debería demorarse. En Hospitales Parque puedes acudir a un oftalmólogo en Tenerife para realizar un estudio específico de la salud ocular. 

No todas las erupciones, rojeces o lesiones cutáneas tienen el mismo origen. Conocer algunas de las enfermedades de la piel más habituales puede ayudar a entender por qué es importante obtener un diagnóstico antes de iniciar cualquier tratamiento. 

➡️ ¿Puede haber herpes zóster sin ampollas?

Aunque las ampollas son una de las manifestaciones más características, existe una presentación mucho menos frecuente denominada zoster sine herpete.

En estos casos se produce una reactivación del virus varicela-zóster sin la erupción cutánea típica.

La persona puede presentar dolor, ardor, hipersensibilidad u otras manifestaciones neurológicas siguiendo el recorrido de un nervio, pero sin desarrollar vesículas visibles. Precisamente por la ausencia de las lesiones características, su diagnóstico resulta más complejo y puede necesitar pruebas complementarias para demostrar la reactivación del virus.

Esto no significa que cualquier dolor localizado sin erupción sea un herpes zóster. Existen numerosas causas capaces de producir dolor neuropático, por lo que no conviene autodiagnosticarse a partir de los síntomas.

¿El herpes zóster es contagioso?


Esta es una de las dudas más habituales, y la respuesta requiere una pequeña aclaración.

Una persona con herpes zóster no transmite el herpes zóster como tal a otra persona.

Sin embargo, sí puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que no haya pasado la varicela o no tenga inmunidad frente al virus. En ese caso, la persona susceptible podría desarrollar varicela, no herpes zóster.

La transmisión se produce principalmente por el contacto con las vesículas mientras contienen líquido.

Por eso, durante el periodo en el que existen lesiones activas es recomendable:

  • Mantener la erupción cubierta siempre que sea posible.
  • No tocar ni rascar las lesiones.
  • Lavarse correctamente las manos.
  • No compartir elementos que hayan estado en contacto directo con las lesiones.
  • Extremar las precauciones con personas especialmente vulnerables.

Hasta que todas las lesiones hayan formado costra, conviene evitar especialmente el contacto directo con mujeres embarazadas sin inmunidad frente a la varicela, recién nacidos y personas inmunodeprimidas.

Una vez que todas las ampollas se han convertido en costras, el riesgo de transmisión disminuye de forma importante.

Tratamientos para el herpes zóster


El tratamiento del herpes zóster tiene dos objetivos principales: controlar la infección y aliviar los síntomas, especialmente el dolor.

Los medicamentos antivirales utilizados habitualmente incluyen principios activos como:

  • Aciclovir
  • Valaciclovir
  • Famciclovir

Estos tratamientos pueden reducir la duración y la intensidad de la enfermedad y son más eficaces cuando se administran de forma precoz. Por eso, si aparecen síntomas compatibles con herpes zóster es conveniente consultar con un médico cuanto antes.

El tratamiento siempre debe ser indicado por un profesional sanitario, que valorará factores como la edad, la intensidad de los síntomas, la localización de las lesiones, el estado inmunitario y el tiempo transcurrido desde su aparición.

Además de los antivirales, puede ser necesario tratar el dolor. Dependiendo de su intensidad y características, el médico determinará cuál es la opción más adecuada.

También pueden ayudar algunas medidas sencillas:

  • Mantener las lesiones limpias y secas.
  • Evitar rascarse.
  • Utilizar ropa holgada que reduzca el roce.
  • Seguir correctamente la pauta de medicación prescrita.
  • Consultar si aparecen nuevas lesiones, fiebre persistente o empeoramiento del estado general.

En algunos casos, especialmente en personas de mayor edad, el dolor puede continuar una vez desaparecida la erupción. Es lo que se conoce como neuralgia posherpética, que puede requerir un abordaje específico.

Ante la aparición de una erupción dolorosa, ampollas o lesiones cutáneas de origen desconocido, es recomendable obtener una valoración especializada. En Hospitales Parque puedes consultar con un dermatólogo en Tenerife para estudiar las lesiones y establecer el tratamiento más adecuado. 

Vacuna contra el herpes zóster: ¿quién debe vacunarse?


La vacuna frente al herpes zóster es una de las principales herramientas disponibles para reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad y sus complicaciones.

En España se utiliza actualmente una vacuna recombinante frente al herpes zóster.

Según las recomendaciones vigentes del Ministerio de Sanidad, la vacunación se recomienda de manera sistemática a los 65 años, con dos dosis separadas por un intervalo mínimo de ocho semanas. También se contempla la captación progresiva de determinadas cohortes de mayor edad.

Además, está recomendada desde los 18 años en determinados grupos con un mayor riesgo de desarrollar herpes zóster, entre ellos:

  • Personas sometidas a determinados trasplantes.
  • Personas con infección por VIH.
  • Pacientes con determinadas enfermedades hematológicas.
  • Personas con tumores sólidos en tratamiento con quimioterapia.
  • Algunos pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores o inmunomoduladores.
  • Personas con antecedentes de episodios repetidos de herpes zóster.

Las recomendaciones concretas pueden variar según la edad, los antecedentes médicos y las circunstancias individuales. Por ello, ante cualquier duda sobre la vacuna contra el herpes zóster, lo adecuado es revisar el caso con un profesional sanitario.

Haber padecido previamente un episodio tampoco significa necesariamente que no pueda volver a aparecer, por lo que los antecedentes de herpes zóster también deben tenerse en cuenta al valorar la vacunación.

El herpes zóster suele resolverse sin complicaciones importantes, pero identificarlo y tratarlo pronto marca la diferencia, especialmente cuando afecta a personas mayores, pacientes inmunodeprimidos o zonas sensibles como el ojo.

Si notas una erupción dolorosa, ampollas agrupadas o un dolor localizado acompañado de alteraciones de la piel, en Hospitales Parque puedes consultar con el especialista adecuado para obtener un diagnóstico y tratamiento adaptados a tu situación.

Bibliografía

  • Ministerio de Sanidad de España. Herpes zóster. Vacunas y Programa de Vacunación. Información sobre causas, transmisión, síntomas y recomendaciones de vacunación, actualizada en julio de 2025.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Acerca de la culebrilla (herpes zóster). Información sobre transmisión, prevención, tratamiento antiviral y cuidados.
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Síntomas y complicaciones de la culebrilla. Información sobre presentación clínica, neuralgia posherpética y afectación ocular.
  • Zhou J, Li J, Ma L, Cao S. Zoster sine herpete: a review. Korean Journal of Pain. 2020;33(3):208-215. Revisión científica sobre la reactivación del virus varicela-zóster sin erupción cutánea.

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