¿Dormir alimenta más que comer?

Dr. Antonio Polo, neuro pediatra de Hospital Parque en Don Benito

 

Todos hemos escuchado esta expresión de nuestras madres o abuelas y dado que invertimos, aproximadamente, un tercio de la vida en dormir pues tienen razón. A partir de aquí nos surgen una serie de preguntas:

 

¿Cómo definimos el sueño?

 

El sueño es un estado de aparente reposo, pero en realidad es un proceso muy activo que utiliza el organismo para recuperarse de los esfuerzos del día y para grabar en la memoria lo aprendido. Es una conducta natural, periódica, transitoria y reversible, pero que se ve influenciada por circunstancias ambientales, conductuales y sociales (y sobre estas podremos actuar los padres).

 

 

Está presente durante toda la vida de las personas y va variando con la edad, pero durante la infancia Gene una función primordial para conseguir un correcto neurodesarrollo y aprendizaje vinculados al desarrollo del sistema nervioso central o de condicionantes educativos, familiares, sociales…, que son distintos dependiendo de la etapa de la vida.

 

¿Cuántas horas debe dormir mi hijo/a?

 

Como ya he dicho, esto va variando con la edad según madura nuestro cerebro y va aumentando nuestra actividad como persona autónoma. Podemos decir, de manera global, que mientras dormimos almacenamos e interiorizamos todo lo que hemos aprendido ese día.

 

 

Por tanto, cuanto más nos queda por aprender, mayores necesidades de sueño tenemos.

  • Cuando nacemos, las necesidades de sueño alcanzan la mayoría del día llegando las 16-18 horas.
  • A partir del año va disminuyendo la necesidad progresivamente y se establece una pauta con siesta matutina y vespertina.
  • A partir de los 18 meses pasa a ser solo siesta vespertina con largo sueño nocturno llegando a un total de 11-14 horas.
  • Durante la etapa preescolar se reduce paulatinamente, e incluso muchos niños no necesitan siesta.
  • Ya en la etapa escolar se establece el ritmo de sueño nocturno con unas necesidades de 9-11 horas, generalmente sin necesidad de siesta.
  • Y finalmente en la adolescencia se establece casi una pauta adulta, con necesidades de 8-10 horas (que choca contra la creencia establecida de socialmente de mucha menor necesidad de sueño, recordemos que los factores sociales modifican los hábitos de sueño).

 

¿Qué pasa si mi hijo/a duermen poco?

 

En el adulto la privación de sueño Gene unas consecuencias conocidas por todos como somnolencia, sensación de cansancio, mal humor… que hacen que no rindamos plenamente.
Sin embargo, en los niños lo que vemos es justo lo contrario, parecen que fuesen acelerados o hiperactivos durante el día.


Existe la evidencia de que la perturbación del sueño o la insuficiencia de sueño tienen un efecto perjudicial en:

  • el desarrollo cognitivo del niño (aprendizaje, atención, concentración, consolidación de la memoria y funciones ejecutivas, con repercusiones académicas).
  • la conducta del niño (irritabilidad, actitud negativista-desafiante, mala modulación del humor y del afecto) .
  • la salud (funciones metabólica e inmunitaria que se reajustan durante el sueño como la secreción de hormona de crecimiento o secundaria a lesiones por accidentes).

 

 

Todo esto afecta a la calidad de vida del niño, afectando a su rendimiento académico, social y personal. Pero además, si el niño o la niña no duerme, esto acaba repercutiendo en toda la familia con efectos negativos sobre el humor de los padres y el funcionamiento familiar.

 

¿Qué puedo hacer?

 

Lo primero que habrá que establecer es la causa de porqué duerme poco y/o mal y actuar sobre esta causa. Y en ausencia de alguna causa médica objetivable deberemos actuar sobre los factores sociales, ambientales o  educacionales.

 

En siguientes artículos junto con el Dr. Polo repasaremos los trastornos y problemas de sueño más frecuentes, así como los tratamientos disponibles.